Marcelo Peralta jugó al básquet en los 90 y fue “Barney” en El Marginal.

La jornada de grabación de “El Marginal” tiene un parate. El aro que está ubicado como parte del set en el medio del patio de la ex Cárcel de Caseros sirve para distender. “Barney”, mano derecha de los hermanos Borges en la ficción, se desprende por un rato del personaje y entra en su antiguo papel: lanza como un profesional con la pelota naranja para el asombro de todos. Alguno lo mira una, dos, tres veces. De algún lado tiene esos movimientos. Una revista “Sólo Básquet” le servirá para confirmar sus presunciones: el que está ante sus ojos es el “Pocho” Marcelo Peralta, histórico pivote de la Liga Nacional de Básquet durante más de una década, hoy dándole rienda suelta a su pasión por la actuación.

“Jugué con todos los monstruos. Los hermanos Ginóbili, Milanesio, Campana… Una época en la que realmente veías a los jugadores que teníamos y no lo podías creer. Más el aporte de algunos norteamericanos que bajaban con un nivel increíble”, relata “Barney” Peralta, quien saltó a la fama por ser el brazo armado de Mario y “Diosito” Borges en la serie “El Marginal” que acaba de emitir su último capítulo de la segunda temporada.

Peralta fue parte de la LNB durante la década del 90, convergencia entre la vieja guardia y el nacimiento de la Generación Dorada: “Oberto era pendejo, pero ya abajo del aro estábamos a los bifes mal. Era chico y tenía que empezar a acoplarse. Con Nocioni también, era muy chiquito, pero nos pudimos raspar. Con Scola en Ferro, otro, que era cadete pero ya jugaba… Se notaba la diferencia, en los distintos siempre se nota”.

A sus 52 años convive con una inesperada repercusión gracias a la notoriedad que alcanzó la ficción que en su segunda temporada retrató el ascenso de los hermanos Borges dentro de la cárcel. No fue el único ascenso del que fue testigo: también vivió de cerca el rotundo cambio de Manu Ginóbili. A comienzos de los 90 fue una pieza esencial de Quilmes de Mar del Plata, equipo que era comandado por “Sepo” y Leandro, los mayores de la dinastía Ginóbili. Por entonces, un flaquito narigón revoloteaba por la ciudad balnearia cuando visitaba a sus hermanos.

Peralta empezó a jugar al básquet casi como una casualidad tras frustrarse con el atletismo, el voley y el handball. Un amigo lo invitó a probarse con la naranja en la mano a los 15 años e inició un meteórico trayecto. Pasó por Tres de Febrero, Provincial de Rosario, Quilmes de Mar del Plata, Boca Juniors, Racing, Pico de La Pampa, Estudiantes de Santa Rosa y terminó en Central Entrerriano luego de más de diez años de carrera.

Aquellos parates en las grabaciones que descubrieron el velo que escondía a “Pocho” detrás de “Barney” lo hicieron revivir todas sus travesías como jugador. Nicolás Furtado (Diosito), Claudio Rissi (Mario Borges) y otros integrantes del elenco compartieron largas jornadas con el deporte como denominador común dándole forma a la famosa comunión del grupo. Allí descubrieron que entre ellos había uno de los hombres que fue parte del sembrado de las semillas que dieron como cosecha una de las páginas más heroicas del deporte nacional con la Generación Dorada en primera plana.

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