Por: Luis Héctor Patoco.-

En oportunidades hay personas que nos demuestran con claridad, simpleza, y alegría; que no es siempre necesario vivir muchos años para dejarnos una obra de vida, que nos interpele para ser mejores personas.
Luciano Cutropía nos dijo adiós el pasado 14 de marzo, después de dar pelea sin tregua a una enfermedad terminal. Con sólo 34 años nos demostró a todos, familiares, amigos, camaradas y conocidos que se puede alcanzar la plenitud en afectos, vivir con entusiasmo y hacer el bien por donde sus pasos lo llevaron.

Su despedida, fue una muestra de su obra de vida bien realizada, multitudinaria, atravesada por todas las edades, profesiones y oficios, donde había pesar, dolor, desconsuelo, mucho cariño y también cierto alivio.
Terminó su lucha de tres años en la que nunca dejó abatirse, nunca perdió la fe, nunca dejó de intentar buscar una alternativa salvadora para su enfermedad.

En su lucha, sus padres y hermanos acompañaron como pudieron al principio, y con ejemplar fortaleza después cada instancia del tratamiento, cada intento de un nuevo proceso. Luciano, para todos Lucho o Luchito, no se entregaba y con su Fé entusiasmaba a todos.

Trece años de profesión naval alcanzaron, para cosechar amigos, simpatías y miles de anécdotas que encuentran su fuente en su entusiasmo, elocuencia, humor y cierta desfachatez que desacartonaba a todos. Con gracia, con movimiento permanente de sus manos para reforzar las ideas que transmitía, su inconfundible voz, con miradas cómplices y risas provocadas… se paseaba a la vez que trabajaba, se divertía y nos divertía.

En nuestro recuerdo estarás siempre … y estoy convencido que preferís que se nos dibuje una sonrisa, y así será, aunque permitinos que por un tiempo la acompañe una lágrima, no por vos, por nosotros que no te tendremos como antes.