
El reciente informe del INDEC, que muestra una inflación anual del 31,5%, la más baja desde 2017, contrasta fuertemente con la realidad que viven los almacenes de barrio en la provincia de Buenos Aires. Si bien el gobierno celebra la desaceleración de los precios, los pequeños comerciantes describen un panorama de ventas en declive y consumidores con dificultades para llegar a fin de mes.
Números que no alcanzan
Aunque las cifras oficiales muestran una disminución en la inflación anual, el ritmo mensual sigue siendo un desafío para los ingresos familiares. En diciembre, los mayores aumentos se registraron en transporte (4%) y servicios públicos (más del 3%), impactando directamente el consumo básico. Los vecinos priorizan el pago de gastos fijos, reduciendo el presupuesto destinado a alimentos y productos de almacén.
El pulso en los mostradores
Desde la Federación de Almaceneros bonaerenses señalan que la inflación no solo encarece la mercadería, sino que también modifica los hábitos de compra. “La gente compra menos y busca promociones para estirar el presupuesto”, comentan desde el sector. La rotación diaria ha disminuido y muchos productos permanecen más tiempo en las góndolas. No se trata solo de precios altos, sino de ingresos que no logran seguir el ritmo de los aumentos.
Pequeños comercios, grandes desafíos
Los almacenes barriales enfrentan subas constantes en los costos de reposición, especialmente en lácteos y alimentos básicos. A diferencia de las grandes cadenas, no pueden trasladar todos estos aumentos al precio final sin perder clientes. Dependen del flujo diario de ventas y de una relación cercana con vecinos que hoy compran solo lo esencial.
Radiografía del consumo
Relevamientos privados ya habían advertido sobre la caída del consumo minorista en 2023, incluso en fechas clave para las ventas. Los datos del INDEC confirman esta tendencia: la persistente inflación mensual y los salarios rezagados erosionan el poder adquisitivo de los bonaerenses.
Un verano con cautela
En este contexto, el sector enfrenta la temporada de verano con incertidumbre. La caída en la rotación de stocks, la menor liquidez y la posibilidad de nuevos aumentos configuran un escenario delicado. A pesar de la desaceleración inflacionaria, el impacto en el bolsillo de los consumidores sigue siendo una preocupación para los almacenes de la provincia.
El dilema de los almaceneros
Para los almaceneros, el principal desafío ya no es solo el aumento de los precios, sino la disminución en las ventas. La desaceleración de la inflación aún no se traduce en un alivio para el consumo diario ni en una mejora en los ingresos de los comercios de cercanía.





