
Este mural fue realizado por el artista Omar Sirena como homenaje a los inmigrantes que llegaron a Coronel Rosales cargando valijas, sueños y esperanzas. Hombres y mujeres que dejaron su tierra, trabajaron, formaron familias y ayudaron a levantar esta ciudad.
Hoy, aquella obra está abandonada… o, quizá, deberíamos decir que prácticamente ha desaparecido.
Y con ella también se fue perdiendo una parte de nuestra memoria colectiva. Porque cuando se abandona un mural, un monumento, un edificio histórico o cualquier expresión cultural, no solamente se deterioran colores y paredes: se borra un fragmento de lo que fuimos.
Omar Sirena tampoco recibió, quizás, el reconocimiento que merecía. Como sucede tantas veces, se valora a nuestros artistas cuando ya es tarde, cuando sus obras están dañadas o cuando su nombre comienza a perderse en el olvido.
Entonces me pregunto: ¿Punta Alta tiene verdaderamente identidad y sentido de pertenencia?
Es una pregunta que me acompaña desde hace muchos años. En esta ciudad pareciera que demasiadas cosas se dejan caer, desaparecer o quedar atrapadas en el recuerdo de unos pocos.
Punta Alta es cuna de provincianos, inmigrantes y familias llegadas desde distintos lugares. Pero esa diversidad no debería ser una excusa para la falta de compromiso. Al contrario: tendría que ser nuestra mayor riqueza. La identidad no depende únicamente del lugar donde nacimos, sino también del sitio que elegimos para vivir, trabajar, criar a nuestros hijos y construir una historia.
Tal vez el problema no sea la ausencia de identidad, sino que nunca aprendimos a cuidarla entre todos.
Preservar una obra como esta no significa solamente restaurar una pared. Significa respetar al artista que la creó, homenajear a quienes hicieron grande esta tierra y enseñarles a las nuevas generaciones que Punta Alta no comenzó ayer.
¿Dará la historia algún día un giro? ¿Aprenderemos a conservar la memoria de quienes le dieron vida a esta ciudad?
Quiero creer que todavía estamos a tiempo. Pero para eso debemos dejar de mirar hacia otro lado. Porque una comunidad que permite que desaparezca su pasado corre el riesgo de caminar hacia el futuro sin saber quién es.
Luis Alderete-Panorama Digital




