
Con más de dos décadas de trayectoria naval, la Teniente de Navío Comunicante Patricia Marcela Tuillier repasa una historia marcada por destinos, aprendizajes y vocación de servicio.
Puerto Belgrano – Cada 29 de septiembre, la Armada Argentina conmemora el Día del Comunicante, una fecha que reconoce la labor de quienes tienen la responsabilidad de sostener las comunicaciones que permiten coordinar, transmitir información y mantener el enlace entre las distintas unidades y destinos navales.
En ese ámbito se desempeña desde hace más de dos décadas la Teniente de Navío Comunicante Patricia Marcela Tuillier. Su historia profesional es, al mismo tiempo, un recorrido por distintos destinos, aprendizajes y desafíos que fueron marcando su carrera dentro de la Armada Argentina.
Desde sus primeros años en el área de Comunicaciones hasta su actual función en la Escuela de Suboficiales de la Armada, su trayectoria refleja una especialidad que combina conocimientos técnicos, capacitación permanente, responsabilidad y trabajo en equipo.
Nació el 19 de junio de 1985 en Puerto Belgrano y creció como hija de personal militar. Su padre, hoy retirado, fue destinado a distintos puntos del país, por lo que durante su infancia vivió en Puerto Belgrano, Ushuaia y Buenos Aires.
Cada traslado significaba comenzar nuevamente: una escuela distinta, nuevos compañeros y la necesidad de adaptarse a otro entorno. Sin embargo, había algo que permanecía como una constante: la vida en los barrios militares y la cercanía cotidiana con la institución.
“Siempre me llamó la atención la Armada. No conocía bien el ámbito, pero vivía en la base, iba a las formaciones, a los desfiles y convivía con el ambiente militar. Es algo que tengo muy arraigado justamente por eso”, recuerda.
Aquellos barrios también dejaron una marca en su infancia. Eran espacios donde las familias compartían mucho más que una vecindad. Se acompañaban, se conocían y, especialmente lejos de sus lugares de origen, construían vínculos que muchas veces terminaban convirtiéndose en una familia.
Entre sus recuerdos de aquellos años aparecen los festejos del Día del Niño en Ushuaia, las reuniones familiares y las celebraciones de Navidad y Año Nuevo. En lugares donde los afectos quedaban lejos, los vecinos adquirían un significado especial. “En un lugar como Ushuaia, donde uno tiene a toda su familia alejada, un vecino es como una familia más”, señala.
El ingreso a la Armada
Al finalizar el secundario en el ex Colegio Nacional de Punta Alta, Patricia comenzó a pensar en su futuro. Tenía 17 años y todavía no podía ingresar a la Armada. Durante ese período comenzó a estudiar el Profesorado de Matemática, pero finalmente tomó otro camino.
En 2004 rindió para ingresar a la Fuerza. Tras completar su formación inicial, eligió la especialidad Comunicaciones. Desde entonces, los equipos, sistemas y procedimientos de comunicación pasaron a formar parte de su vida profesional.
Su primer destino fue el entonces Servicio de Comunicaciones, donde tuvo la oportunidad de conocer y trabajar con distintos equipos y sistemas. Posteriormente pasó a la Estación Principal de Comunicaciones de Puerto Belgrano, donde permaneció durante cinco años.
Pero la carrera naval también le enseñaría que crecer profesionalmente implica estar preparada para asumir desafíos diferentes. Un nuevo pase la llevó a Trelew, donde trabajó en una oficina vinculada al personal, una función diferente de aquella para la que se había formado.
La experiencia amplió su perspectiva y le permitió comprender que la vida militar exige adaptabilidad y capacidad para desempeñarse en ámbitos diversos.
Aprender también a bordo
Más tarde regresó a Puerto Belgrano y prestó servicios a bordo de la corbeta ARA “Gómez Roca”. El embarco significó una nueva etapa de aprendizaje y le permitió incorporar experiencias que trascendían las tareas propias de su especialidad.
Los marinos con esta especialidad operan y transmiten mensajes a través de sistemas de comunicación navales como es el Servicio Fijo Naval (SIDOM). Esta orientación implica el manejo, mantenimiento y operación de equipos y sistemas de comunicación, incluyendo redes, sistemas informáticos y medios de transmisión de mensajes en diversas modalidades. “La especialidad hoy unifica a dos anteriores que eran las del radiocomunicante por un lado y señalero, por otro”, explica.
Los profesionales en esta área, son capacitados para asegurar el funcionamiento continuo de las comunicaciones, interpretar planes de comunicación y mantener la seguridad de la información. Para Patricia, navegar también tiene una dimensión humana particular. “El sentido de pertenencia y el compañerismo quedan mucho más arraigados que en un destino de tierra”, sostiene.
La formación naval le enseñó, además, que ningún integrante de una unidad puede limitarse exclusivamente a su especialidad. Entre las experiencias que recuerda aparecen los ejercicios de lucha contra incendios, una actividad que podría parecer alejada de las tareas propias de una comunicante, pero que para ella representa una de las mejores muestras de lo que implica formar parte de la Armada.
La formación de las nuevas generaciones
En 2020 realizó el Curso de Ascenso de Suboficial a Oficial, lo que marcó otro punto de inflexión en su carrera. Al finalizarlo, en diciembre de ese año, comenzó su etapa como oficial técnico en el Comando de la Flota de Mar, donde permaneció durante cinco años.
Luego llegó un nuevo destino y, con él, una responsabilidad diferente: acompañar la formación de quienes recién comienzan su carrera naval. Actualmente se desempeña en la Escuela de Suboficiales de la Armada, donde tiene a su cargo una compañía de segundo año.
La tarea cotidiana está lejos de ser rutinaria. En la Escuela se forman alrededor de 500 aspirantes entre primero y segundo año, y cada jornada presenta actividades diferentes: clases, ejercicios, tiro, acuatización, prácticas y otras instancias propias de la formación.
“Acá siempre hay algo para hacer, siempre hay un tema que resolver. Hay cuestiones personales, de estudio, tiro y ejercicios. Todos los días tenemos alguna tarea”, cuenta.
Por eso, su trabajo no transcurre exclusivamente detrás de un escritorio. Aulas, talleres, espacios de instrucción y actividades externas forman parte de su recorrido cotidiano. Esa presencia permanente le permite acompañar a los aspirantes y conocer de cerca cómo atraviesan cada etapa de su formación.
La tarea de conducción tampoco se limita al control de actividades o a la transmisión de conocimientos. Para Patricia, implica acompañar la incorporación de valores que serán fundamentales a lo largo de la vida profesional de quienes se están formando.
La intención es construir un vínculo basado en el respeto y, al mismo tiempo, en el acompañamiento. La tarea se sostiene, además, en el trabajo conjunto entre oficiales y suboficiales. Cada compañía cuenta con personal que mantiene un contacto permanente con los aspirantes, conoce sus actividades y facilita la organización de las distintas tareas.
La vida más allá del uniforme
Fuera de la institución, Patricia también construyó su propia familia. Está casada con el Teniente de Navío Hernán Gutiérrez, de especialidad aeronáutico, quien presta servicios en la Base Aeronaval Comandante Espora. Juntos tienen dos hijos: Tomás, de 20 años, y Agostina, de 12.
A diferencia de su propia infancia, marcada por los continuos cambios de destino de su padre, sus hijos crecieron principalmente en Punta Alta. Allí construyeron sus amistades, sus espacios y su propia historia. Por ahora, ninguno eligió seguir la carrera militar.
Patricia lo cuenta con naturalidad. Haber crecido en una familia vinculada a las Fuerzas Armadas no significa necesariamente continuar el mismo camino. Cada generación encuentra su propia manera de construir el futuro.
“La Armada me llevó por distintos caminos. Aprendí mucho, no solamente sobre los valores, sino también sobre todo lo que uno puede dar. Uno siempre puede más”, reflexiona.
La frase resume buena parte de una trayectoria que comenzó con una joven que ingresó a la institución con la incertidumbre propia de quien inicia un camino profesional y que, con el paso de los años, fue descubriendo nuevas posibilidades




