La nueva versión protege también contra Ómicron y reduce los contagios. Otros países de la región avanzaron para tenerla, pero en Argentina aún no hay novedades.

La voluntad de la población por vacunarse contra el Covid se reactivó en las últimas dos semanas a partir de la cada vez más marcada suba de casos. Sin embargo, hay gente que duda sobre si hacerlo ya y se pregunta: ¿Conviene darse la quinta dosis con una vacuna diseñada el año pasado o sería mejor esperar a que la nueva fórmula esté disponible en Argentina?

Cualquier experto al que se consulte responderá que si han transcurrido cuatro meses desde la aplicación de la dosis anterior es aconsejable darse la vacuna que esté disponible en el país. Y la que está disponible, por ahora, sigue siendo la misma que alimentó el stock desde 2021, hecha para el virus originario de Wuhan.

Ese consejo responde básicamente a que dicha vacuna sigue sirviendo para contrarrestar la enfermedad grave y la muerte. Las nuevas vacunas, llamadas bivalentes, están diseñadas para crear anticuerpos a medida no sólo contra ese virus ancestral, sino también contra la última variante hasta ahora reconocida: Ómicron.

Eso significa que la vacuna bivalente tiene mayor eficacia, según los estudios publicados por los laboratorios, para frenar los contagios, un poder que las “viejas” vacunas han visto disminuido al tiempo que el virus fue mutando.

Por otro lado, aquel que decida esperar la llegada de la nueva generación de vacunas hará una apuesta con resultado incierto. El sentido común y la información disponible invita a suponer que hoy vale más una vacuna contra la versión Wuhan en mano que otra contra la especificidad de Ómicron volando.

La realidad es que todavía no hay fecha para que las bivalentes estén disponibles en la Argentina.

Han pasado ya casi cuatro meses desde que el Reino Unido se convirtió en el primer país en aprobar la vacuna bivalente contra el Covid, el 15 de agosto. Y más de tres desde que la FDA de Estados Unidos hizo lo propio, el 31 de agosto. En Sudamérica varios países han avanzado o tienen intención de hacerlo en el corto plazo.

Chile comenzó a aplicar las vacunas bivalentes de Pfizer el 11 de octubre. Y Moderna anunció que sus vacunas bivalentes estarán disponibles en Uruguay para la campaña de vacunación de 2023.

La agencia sanitaria Anvisa autorizó el 22 de noviembre en Brasil el uso de emergencia de dos vacunas bivalentes contra el Covid, producidas por Pfizer. Según se anunció, se utilizará como dosis de refuerzo en personas mayores de 12 años, tres meses después de la última aplicación.

En Ecuador, el Grupo Adioum, a través de la farmacéutica Medicamenta Ecuatoriana, trabaja para conseguir la vacuna bivalente de Moderna. En Perú, a partir del próximo año se aplicará la dosis bivalente contra el Covid, según informó el Ministerio de Salud de ese país.

En la Argentina todavía hay distribuidas y sin aplicar en las provincias unos 8 millones de vacunas que siguen siendo útiles a pesar de que haya nuevos desarrollos que puedan superar la eficacia de la fórmula original.

Se consultó también a los laboratorios Pfizer y Moderna, que fabrican la vacuna bivalente, para corroborar el estado de la conversación con Argentina. Desde Pfizer se limitaron a decir que “el acuerdo vigente habilita a recibir versiones adaptadas de las vacunas”. Al cierre de esta nota, Moderna no había respondido.

Hay en todo este proceso, a la vez, cierto grado de incertidumbre vinculado a la velocidad con la que el virus se ha venido transformando, característica que recién en 2022 parece haberse estabilizado, con la supremacía de Ómicron. ¿Pero qué pasaría si surgiera una nueva variante -tal como en las últimas horas alertó la OMS que podía llegar a ocurrir- y en poco tiempo se volviera predominante?

Es decir, ¿cuál sería la utilidad de la vacuna bivalente especializada en Ómicron en el caso de que esta versión del Covid fuera reemplazada en el corto plazo por otra variante hasta el momento desconocida?

Es por ese motivo que la mayor insistencia de los expertos tiene que ver con reforzar la vacunación para así prevenir las complicaciones de una eventual infección, dado que la otra pata de la cobertura vacunal, vinculada a la deseada “inmunidad de rebaño”, en este contexto epidemiológico inestable e imprevisible parece por ahora una utopía.

 

 

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