
Criar a un hijo en Argentina representa un desafío económico cada vez mayor para las familias, en un escenario donde los gastos vinculados con la alimentación, la vivienda, la educación y las tareas de cuidado continúan creciendo incluso por encima de la inflación general.
Los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), correspondientes a septiembre de 2026, revelaron que el costo mensual de crianza alcanzó los $728.850 para niños y niñas de entre 6 y 12 años, mientras que los incrementos registrados en todas las franjas de edad superaron la variación general de precios del período.
La inflación de septiembre fue del 1,9%, pero las canastas de crianza aumentaron entre un 2,2% y un 2,4%, una diferencia que vuelve a poner en discusión la capacidad de los ingresos familiares para sostener las necesidades de niños, niñas y adolescentes.
Cuánto cuesta criar según la edad
El informe del organismo estadístico permite dimensionar el costo económico de la crianza en las distintas etapas de la infancia, con valores que contemplan tanto los bienes y servicios necesarios para el desarrollo como el tiempo dedicado al cuidado.
Los incrementos alcanzaron el 2,2% para los menores de un año y para el grupo de uno a tres años, mientras que en las franjas de cuatro a cinco y de seis a doce años llegaron al 2,4%.
En agosto, los valores habían sido de $557.303 para menores de un año, $663.900 para niños de uno a tres años, $567.243 para quienes tenían entre cuatro y cinco años y $713.070 para la franja de seis a doce años. La comparación refleja un nuevo incremento de los recursos necesarios para sostener la crianza.
El trabajo de cuidar también tiene un costo
Uno de los aspectos centrales de la medición es que la canasta de crianza no se limita al precio de los productos que necesitan los niños, sino que también incorpora el valor económico del tiempo dedicado a atenderlos.
Para realizar el cálculo, el INDEC considera los bienes y servicios necesarios para cada etapa del desarrollo y estima las horas de cuidado requeridas, que valoriza tomando como referencia las remuneraciones del personal de casas particulares dedicado a la asistencia y el cuidado de personas.
Durante septiembre, el componente correspondiente a las tareas de cuidado aumentó un 2,8%, mientras que los bienes y servicios registraron una variación del 1,7%.
La diferencia resulta especialmente significativa desde una perspectiva de género, porque permite visibilizar una dimensión de la economía que históricamente permaneció fuera de las estadísticas tradicionales: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, realizado mayoritariamente por mujeres.
Aunque ese tiempo no siempre se traduce en un salario, constituye una actividad indispensable para el sostenimiento de las familias y para el funcionamiento de la economía.
Ingresos familiares bajo presión
Los nuevos valores se conocen en un contexto en el que la Canasta Básica Total para una familia tipo alcanzó los $1.632.505 durante septiembre, mientras que la Canasta Básica Alimentaria se ubicó en $738.690.
Estos indicadores miden conceptos diferentes y no deben sumarse directamente, porque comparten componentes de gasto. Sin embargo, permiten observar la magnitud de las necesidades económicas que enfrentan los hogares.
La evolución del costo de crianza también abre interrogantes sobre la suficiencia de los ingresos laborales, las transferencias sociales y las políticas públicas destinadas a acompañar a las familias.
En los hogares donde los ingresos dependen de un solo salario, donde existen empleos informales o donde las tareas de cuidado impiden ampliar la participación en el mercado laboral, el peso económico de la crianza adquiere una dimensión todavía más compleja.
Una inflación que no se vive igual en todos los hogares
El hecho de que la inflación general haya registrado una variación inferior a la de la canasta de crianza muestra que el comportamiento promedio de los precios no siempre refleja las dificultades concretas de determinados grupos sociales.
Para una familia con hijos pequeños, los aumentos asociados al cuidado, la educación y las necesidades cotidianas pueden tener un impacto diferente del que experimentan otros hogares.
La situación también vuelve a poner bajo análisis las políticas de conciliación entre trabajo y familia, la disponibilidad de jardines maternales, los sistemas públicos de cuidado y las condiciones laborales de quienes deben distribuir su tiempo entre la crianza y la generación de ingresos.
Los números del INDEC vuelven a colocar en el centro de la discusión una pregunta que excede las estadísticas: cuánto cuesta garantizar una infancia con derechos y qué lugar ocupan el Estado, el mercado laboral y las políticas de cuidado para que esa responsabilidad no recaiga exclusivamente sobre las familias.
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